El pequeño bosque de Cobayo
- SANTIAGO YEPES GOMEZ
- 3 days ago
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Eran las once de la mañana, cuando Miss Bolger llegó llorando y balbuceando que su esposo no había regresado a su hogar desde hace tres semanas. El escritorio del único detective en servicio de la estación de Cobayo, quedó hecho un desastre. Si se tratara de un ciudadano del común, habría sido atendida por uno de los diferentes policías de la oficina. Pero ella era especial, más allá de su rostro angelical, labios color fresa y ojos color miel. Su abrumadora belleza le había hecho acreedora de varios títulos de reinado, los cuales se acumularon en el ropero a lo largo de los años. Aunque se había retirado de las pasarelas, seguía siendo igual de hermosa. El trato privilegiado que tenía era la suma de su apariencia más el parentesco que ostentaba con el capitán de la comisaría, su tío.
Para el detective Floyd todo ese melodrama era un típico caso de una fuga de amantes, pero la belleza de la señorita lo cautivó. Prefería pasar la hora del almuerzo escuchando a una mujer hermosa que haciendo el papeleo de la vaca desaparecida de un granjero cualquiera. Sentía envidia de James McLean, el esposo desaparecido. ¿Qué podría tener él que no tuviera yo?, se preguntó. Tal vez, los millones en el banco bastaban para lucir lo suficientemente atractivo como para seducir a todas las reinas de belleza. Pero Miss Bolger ya había nacido en la única familia acaudalada de la región. Era muy dudoso que se sometiera a los deseos de sus padres para acrecentar el patrimonio familiar. Cuando la pequeña celebridad local logró calmar su llanto y respirar de forma adecuada, pudo hacer el primer intento de responder a la pregunta inicial de él. Para desgracia de la investigación, ella respondió:
— No lo entiendo.
— Sé que puede ser difícil para usted, pero es necesario que me diga: ¿cómo se veía la última vez que lo vío?
— Recuerdo que salió a correr como todas las mañanas, llevaba una camisa blanca sin mangas, sudadera negra y unos tenis verdes.
— Antes del incidente, ¿recibió alguna amenaza o tuvieron alguna disputa doméstica de algún grado?
— No, él estaba muy feliz por su reciente descubrimiento.
— ¿Se refiere a lo del universo alterno que dijo en ese programa de televisión?–-preguntó
Floyd con una expresión de incredulidad—.
– Sí, exactamente. Creo que los medios tergiversaron todo... lo hicieron parecer un loco, pero no lo es —respondió abriendo sus ojos de forma agresiva—.
— Está bien —Floyd alzó sus manos con intención de calmar la discusión— Pero, ¿cree usted que eso haya desencadenado un cuadro de depresión?
— No, definitivamente no —contestó mientras se reclinaba en la silla y movía su cabeza de izquierda a derecha—.
Por un momento Floyd pensó en cómo esta mujer defiende a capa y espada a su esposo. Deseó suplantar a James y abandonarlo todo. Deseaba quitarle ese vestido azul de algodón fino que acariciaba el cuerpo de tan bella joven. Esperaba que mientras se sentaba en su
regazo, los tacones de ella acariciaran su pierna. Disfrutar de su cara adornada por las más finas joyas que solo un millonario podría comprar. Rozar su cuello mientras le desprendía ese collar de perlas. Todo el deseo que no había sentido por su esposa en todos estos años, afloraba por Miss Bolger con una pasión desaforada.
— Mientras él salía a correr, ¿usted qué hacía?
— Bueno...— Bolger miró el suelo —.
— Todo lo que diga aquí será confidencial, puede confiar en mí señorita Bolger.
— Habíamos estado teniendo problemas los últimos meses, él estaba ocupado y bueno todos
tenemos necesidades.
— Entonces usted recibió algunas visitas, ¡Eh!
— Sólo fueron algunas veces, nunca sentí amor hacia ellos, ¡lo juro!
— ¿Usted piensa que él pudo darse cuenta?
— Yo espero que no. Además, de ser cierto, ¿por qué no se llevó nada de sus pertenencias?
El trece de abril a las ocho de la mañana, James salió a trotar como era de costumbre. Me encontraba preparando el desayuno, cuando lo vi bajar con su ropa deportiva. Pregunté si esta vez se quedaría a comer conmigo, pero me respondió que estaría muy ocupado, pensé que quizás él seguía enojado por la discusión de la noche anterior. Así que en un intento por arreglar las cosas, le pregunté si tendría la tarde disponible, quería visitar el lugar donde nos conocimos y tener una cena romántica. Él me contó que pasaría buena parte del día en el bosque, estaba seguro que había encontrado la pieza central de su investigación de interrelación cuántica, inclusive me confesó que su objetivo no era hacer ejercicio, sino simularlo para no levantar sospechas de sus “perseguidores”. No quería iniciar otra discusión en torno a su adicción al trabajo y sus problemas psicológicos, que por cierto, no quería buscar ayuda profesional. Además, me aseguró que volvería antes del almuerzo e iríamos a donde yo quisiera. Él se despidió con un beso y con una sonrisa de oreja a oreja. Me hizo muy feliz escuchar y ver que tenía una actitud diferente.
Estuve esperando hasta que el reloj marcó las tres de la tarde, estaba furiosa con él. Había pasado toda la mañana arreglándome para salir juntos, pero no apareció. Prefirió quedarse más tiempo en su investigación, pensé. Indignada tomé el coche y salí con unas amigas, fue una noche un poco alocada. Supuse que lo encontraría en la casa la mañana siguiente pero cuando llegué no había nadie. Mi mente comenzó a hacer maquinaciones, no había signos que hubiera estado en la casa en el tiempo que estuve afuera, toda su ropa estaba igual que
antes de irme. El cepillo de dientes estaba seco y sus sandalias estaban en el mismo lugar. Definitivamente no estuvo ahí. Lo siguiente que pensé fue que algo muy malo le había pasado, tal vez se encontró con una animal y estaría en el hospital o peor. Hasta imaginé que se encontró con algún asesino loco, como en las películas. ¡Maldición! Estaba tan arrepentida de haberme ido de fiesta que ni siquiera podía pensar con claridad. Conducí como loca al hospital y a la morgue, pero nadie me dio pista de James. De camino a casa recordé ese estupido bosque.
Antes de bajar del auto sentí algo raro, no lo puedo explicar. Era como si muchos ojos me observaban pero no había ni una sola alma alrededor. Es una locura, pero no tengo otra forma de explicarlo. Grité su nombre por varios minutos. Algo dentro de mí evito que si quiera pisara el césped antes del asfalto de la carretera. En el momento que intente llegar al límite de cemento y la tierra, sentí el mayor miedo que he podido experimentar en toda mi vida. Comencé a sudar tan frío como si fuera un cadáver, fue como si un monstruo inmenso estuviera detrás. Estaba paralizada, para mi fortuna el sonido de un motor de automóvil acercándose rompió la tensión. Corrí hacia mi BM tan rápido como pude. No pude comer o dormir por tres días. Las semanas después fueron una pesadilla. Logré retomar fuerzas y venir a la estación, necesito ayuda. Necesito entender qué pasó con mi esposo.
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